Sin sorpresas

Publicado el 02/11/2015 en Camino (364)

Es lo que cualquiera puede esperar de este “Caos Maravilloso” llamado Roma, creo que es una expresión lo suficientemente plástica para entender lo sinuoso de siete colinas. Sus ciudadanos romanos, como lo han sido desde hace dos milenios llevan de una forma especial su carácter.

Nos trasladaron sus formas y las adaptamos ahora ellos han hecho lo propio y ese estilo entre cosmopolita, nadie puede considerarse tal sin haber pisado el Foro, el Panteón o el Coliseo, un sencillo vecino de barrio que te cede el asiento en el autobús o se salta la cola de la panadería.

Se sienten capitalinos, pero saben del “desastre” que les rodea, pues no puede ser de otra forma su historia golpea cada esquina, cada instante de su vida diaria, la vida en esta gran ciudad solo es comprensible para el que la quiere y maravillosa para el que le declara su “AMOR” (léase al revés).

Yo sencillamente me siento incondicional pero solo por unos días, mi vida está muy lejos espacialmente del Tiber, pero lo sustituyo por otro rio que deja fluir mis sentimientos como una rama flotando aguas abajo.

Repetir el encuentro es una necesidad y aún en fechas tan pocos habituales me hacen sentirme todavía más involucrado en un sino que enciende un poco o un mucho mi corazón.

Comprendo que todo lo que la ciudad nos ofrece no es solo la idiosincrasia local, que se aprecia de todos modos, es el mismo hecho de la presencia de todos esos millones de personas y unos cuantos peregrinos a pie los que moldean esta “Citta aperta” y que no se olvide, también “Aeterna”.

Cuantos calificativos podíamos emplear para significarnos, ¿Tantos como sus vecinos? O en una visión más internacional atender los comentarios de foráneos que sumados siempre son más que los naturales de la propia ciudad y seguro que alumbrarían comentarios con una visión sorprendente.

Hoy con una perspectiva  general,  en una aproximación festiva deja poco margen a tópicos. Las cosas siguen donde las deje, algún cambio se intuye y los lavados de cara son frecuentes en el casco histórico.

Queda toda una inmensidad por descubrir, porque el tiempo siendo el mismo ni es el que fue ni será el que creamos, “Aquí” las constantes tienen otra medida, los parámetros no significan apenas nada, apenas los ciclos o un péndulo pueden ser referencia, pero la constancia y la consciencia de la Ciudad es la que se impone a la realidad de sus gentes

¡Ad urbe condita!

HASTA PRONTO

Publicado por Gotas de Rocío el 02/11/2015 | Comentarios (0)

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