Amor y odio

Publicado el 13/11/2015 en Camino (364)

Creo que entre otras posibles descripciones de una ciudad en el caso de Nápoles estas dos palabras antónimas, tienen aquí unas raíces que han calado profundamente en la personalidad de las gentes y de todo el alma de la ciudad.

Cuando uno pasea por estas calles además de los peatones en sus áreas reconocidas debe de cruzarse con los motoristas como si fuese una “persona de dos ruedas”.  Hacen lo que les dala gana en zonas que solo debieran  ser para los de a pie.

El caso es que aquí es cierto que nadie hace o dice nada de esta incursión porque entiendo que a estos barrios solo es posible llegar con estos medios de locomoción. Lo que de veras me preocupa son los motoristas que entienden su “machina” como un vale para todo a fin de cuentas en su caso solo es chapa y pintura. Otro es el caso del viandante, magulladuras y fracturas varias en el mejor de los casos.

En el estilo de conducción napolitano se dan todo tipo de anécdotas desde la autentica infracción de tráfico que más de una vez hubiese querido fotografiar –saltarse un dirección prohibida por coches, lo de las motos ni me preocupa, un semáforo en rojo ni verlo por el chofer del autobús, ocupación de un paso de peatones para hacer un giro de ciento ochenta grados tanto por motos como coches.

Las plazas circulares tienen su propia idiosincrasia, se puede ceder el paso a un coche pero la moto se salta tal detalle de respeto, podría decirse que la circulación en la ciudad es algo así como “no dar puntada sin hilo”. Es ir hilvanando todo poco a poco según va la marcha, si es autobús,  es posible que te cedan el paso, pero como eres muy grande y les vas a entorpecer las maniobras, te saltan por encima si es necesario.

Lo dicho, hay que ir con cuatro o al menos tres ojos  porque puede aparecer una loca al mando de la moto en una esquina con un pie fuera y la otra mano en la oreja con el móvil diciendo algo así como “Carissimi”. ¡Increible! Que porten en las manos o indietro cualquier tipo de cargamento tipo la india, bueno no tan grande porque no pasarían por las calles, usar una mano de dirección y la otra para llevar la pizza de encargo, nada de caja porta pizzas o una bandeja con los cafés calientes recién salidos del Expresso.

Eviten malas interpretaciones, voy hablar de “fauna” y es que esta ciudad y por tanto la vida es una jungla en la que el protagonista sobre su vertical o en cualquier medio de transporte, de las bicis ni hablamos, también tiene su miga, es la propia víctima y verdugo. Actúa en ambas facetas, es bueno y malo al mismo tiempo según “le piace”, así que como expresión de realidad la oportunidad de estos días por estas calles está siendo un placer.

Pronto volveremos a las andadas porque creo que hay pocos sitios en los que las calles, los palacios, las fuentes y la ribera del mar formarán un recuerdo para siempre.

Desde las colinas napolitanas

HASTA PRONTO 

Publicado por Gotas de Rocío el 13/11/2015 | Comentarios (0)

    Nombre
    URL
    Email
    La dirección de Email no será publicada
    Recordame
    Comentarios

    CAPTCHA Refrescar
    Escriba los caracteres de la imagen