A un paso

Publicado el 15/11/2015 en Camino (364)

Apenas quedan unas horas  para llegar a casa, mientras tanto decidiré cuales son los paseos de hoy que la ciudad puede ofrecerme. Las horas de la mañana de un domingo es el instante perfecto  para desperezarse como lo hacen las calles, los negocios, los bares y cafeterías.

En si es una maniobra de estiramiento como las de cualquier madrugón en el dormitorio antes de incorporarse, todo necesita su tiempo, siempre el reloj intenta decidir por nosotros, pero hay que saber adelantarse a los acontecimientos  y que solo haya paso a las sorpresas agradables, porque las otras las hemos evitado.

Allá arriba siempre hay oportunidades para dejar pasar las horas, hoy apenas las gentes tienen prisa, pues es domingo y salvo ciertas obligaciones profesionales, el “general” estamos como indolentes, sin precisar que queremos hacer, olvidando detalles o a lo mejor apurando esa tranquilidad, para hacer lo que queremos.

Paseando por Sol cientos de personas estaban participando en una carrera, otros a falta de otra cosa, miraban, yo siguiendo una deuda pendiente desde hace tiempo me he trasladado un poco a la zona de los museos, porque todavia ni han abierto y es la tranquilidad que se aprecia mejor cuando la noche anterior y las vacaciones pasadas han sido un ir y venir constante.

Aquí en Prado sin olvidar que es un remanso de paz en medio de la ciudad, uno puede sentirse más cercano a todo lo que a diario pasa desapercibido. Compartiendo todos estos hechos con un sol otoñal que incluso “pica” al salir de las sombras, es sencillamente hermoso.

Parar un rato y escribir estas líneas, escuchar, ver, sentir, oler, tocar es poner en marcha todos los sentidos en una armonía que solo se encuentra cuando la buscas y esta mañana creo que la puedo considerar ¡qué ni de encargo!.

Pretender buscar en estos paseos la belleza de otros tiempos –primavera- es totalmente imposible pero los ocres y el tono descuidado del otoño convierten los jardines en un espectáculo a manos de Eolo, que se encarga de dejar caer en cada sitio preciso las hojas de todos los arbustos y plantas.

Comprendo también que a falta del movimiento del aire, por el anticiclón, no se pueden encontrar en los caminos, esos remolinos y montones bajo los árboles, tiene que ser uno el que sople, o los pise para que el movimiento continúe.

También la noche con su rociada se lleva por delante esos peciolos que ya no tienen fuerza para agarrarse a la rama y caen vencidos con la levedad de un sueño. Comprender la naturaleza de las plantas en este caso puede ser una labor personal, pero que lleva a los científicos de innumerables especialidades a dedicarse directa o indirectamente a la botánica.

Disfrutemos del paseo

HASTA PRONTO

Publicado por Gotas de Rocío el 15/11/2015 | Comentarios (0)

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